Colegio Alecorcón Amanecer

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28922 - Alcorcón

La Educación Emocional y su importancia en la infancia

“La Educación Emocional y su papel ante el covid-19”, por Leticia Garcés

En este artículo, que forma parte de la jornada virtual Próximos retos de la Educación tras el covid-19 organizada por el Colegio Amanecer de Alcorcón, hemos entrevistado a la prestigiosa pedagoga Leticia Garcés, experta en educación emocional y parentalidad positiva, quien ha analizado, entre otros asuntos destacados, cómo puede afectar la terrible pandemia sanitaria con la que aún convivimos, en la salud emocional de nuestros menores y qué soluciones pueden aportar los colegios y las familias para superar los posibles traumas y miedos que puedan manifestar nuestros niños y niñas.

¿Cuántas veces nos hemos preguntado en qué consiste la felicidad? A buen seguro que en más de una ocasión y posiblemente habremos buscado respuesta en campos tan diversos como el de la Filosofía, la Psicología, la Religión, la Sociología…son muchas las disciplinas y saberes que han tratado de definirla a lo largo de los siglos.

En una pandemia como es la del coronavirus y que, desgraciadamente, todavía no hemos erradicado, el concepto de felicidad cobra aún mayor importancia como meta para tratar de superar, lo antes posible, los miedos con los que estamos conviviendo, “y agarrarnos a la esperanza”. Y sí, la consecución de la felicidad es posible entrenando antes nuestras competencias emocionales, tal y como nos va a explicar nuestra protagonista en las próximas líneas.

Leticia Garcés señala que el ser humano está programado para sobrevivir a través de emociones desagradables: “El miedo es la emoción que nos ha permitido llegar hasta donde estamos ahora, pero lo que nos hace sentir bien son las emociones positivas”, anuncia.

Es decir, la felicidad también hay que entrenarla, tal y como destaca Garcés: “Esta parte positiva hay que educarla, porque el niño, desde que se levanta hasta que se acuesta, está rodeado de emociones desagradables, por ejemplo, pereza para ir al colegio por la mañana, hacer los deberes, tareas cotidianas en casa, etc”.

¿Y qué es lo que hay que entrenar en uno mismo para alcanzar la felicidad? La respuesta es sencilla de contestar, pero no siempre fácil de llevar a cabo “si no trabajamos la automotivación, el autoconocimiento, la voluntad y el dominio propio, etc. Debemos entrenar al niño en competencias emocionales para que pueda enfrentarse a las distintas emociones displacenteras con las que se encuentra en su día a día”, responde la pedagoga navarra, creadora de la plataforma Padres Formados.

A modo de ejemplo, Leticia afirma que hay que entrenar al niño para que encuentre motivación en el hecho de que si hace el trabajo que se le pide desde el colegio o en casa, la recompensa la va a tener a continuación, porque podrá socializar con sus amigos y disfrutar de su tiempo libre. “Es decir, en este caso, estamos trabajando la responsabilidad cuya motivación es la recompensa de su tiempo libre”.

Con los menores debemos trabajar hábitos y normas

El cerebro de un niño, desde los tres a los doce años, todavía no tiene madurez, y está programado para evitar todo lo que le genera malestar por propia voluntad. Es por ello muy importante, como destaca Leticia, trabajar en esa franja de edad, hábitos y normas: “Por ejemplo, los padres debemos entender que para un niño el simple hecho de decirle que se lave las manos antes de comer puede suponerle un malestar porque le implica un esfuerzo o deja de hacer algo que le gusta. En ese caso, debemos trabajar con el niño para que se enfrente a la frustración de dejar de hacer una actividad que le gusta por lavarse las manos. Si lo trabajamos, el niño sabrá reconocer una frustración y lo expresará. Un niño que tiene capacidad de autoregulación, tendrá más probabilidad o capacidad para generar su propio bienestar emocional”.

Así pues, la felicidad es la capacidad que tiene el ser humano para generarse emociones positivas duraderas una vez que ha entrenado sus competencias emocionales (vínculo afectivo, apego seguro, competencias emocionales). Ello le hace alcanzar bienestar, satisfacción, alegría, etc. “Es decir, el niño puede estar frustrado ante el estudio pero a la vez tiene la capacidad para automotivarme y pensar que, cuanto antes empiece, antes termina para luego hacer deporte. Esto no tiene que venir de los padres. Es motivación exterior y no ayuda porque no moviliza su voluntad y le puede presionar”.

En líneas anteriores ha aparecido el concepto de Educación Emocional, pero ¿qué es?, ¿cómo lo definimos? Leticia Garcés manifiesta que “es el entrenamiento que las personas tienen que adquirir en competencias emocionales para manejarse a nivel emocional. De lo contrario, somos esclavos de lo que sentimos y el ser humano, lo que anhela por encima de todo es la libertad, y no tomar una decisión por miedo o por una emoción mal gestionada”, subraya.

Es muy importante educar en hábitos y normas a los niños desde los 3 a los 12 años para que se enfrente a situaciones que no le agradan, identifiquemos qué le genera frustración y llevar a cabo acciones concretas para enfrentar esa situación. Con ello, el niño aprenderá a tener tolerancia a la frustración.

Conviene recordar que los tres primeros años del niño son fundamentales, ya que es el momento en el que se establece el apego seguro, algo que es fundamental en su devenir emocional. “El trato que recibe el cerebro del menor en esos años le va a condicionar, pero no determinar. Le condiciona porque vive experiencias muy emotivas que se graban a nivel inconsciente y de las que no somos capaces de recordar.”.

Es por ello que las personas necesitan aprender a ser conscientes de sus sentimientos y aplicar estrategias para regular, en parte, lo que sienten y poder así actuar, ya que las emociones no se pueden controlar. Lo que manejamos son los sentimientos, que son las emociones hechas conscientes.

Los seres humanos estamos afectados emocionalmente, y las emociones tienen tres componentes: fisiológico, cognitivo y comportamental. Un estímulo genera una emoción y si aplicamos estos tres componentes nos hacemos dueños de la emoción, no al contrario.

La Educación Emocional debe tener un papel primordial en los colegios

Trasladado al ámbito de la Educación, ¿cómo pueden o deben trabajar los colegios la Educación Emocional? Leticia considera que la Educación Emocional debe tener su representación como asignatura propia o transversal, “para que se aprenda de forma vivencial y sistemática, con un programa continuado en el tiempo, cuidando el clima, el estrés y la situación del docente ante la diversidad, saber qué le estimula, que no le sobrepasen los estímulos y también ver lo que se le pide a las familias, lo que les preocupa, etc”.

A la pregunta del papel que deben desempeñar los padres en la educación emocional de sus hijos con respecto al sistema educativo, Leticia considera que no se trata de que seamos los padres perfectos, sino lo suficientemente buenos. Ahora somos más permisivos y sobreprotectores que en otras épocas y nos hemos trabajado lo suficiente la tolerancia a la frustración con ellos”.

“Hay creencias que debemos hacer conscientes para eliminarlas o erradicarlas”, continúa Garcés, quien recalca que “por ejemplo considerar que el niño no para de llorar para manipularnos y por eso no le atiendo, es un error. En esa situación el niño tiene una necesidad vital y real a nivel cerebral, porque su cerebro se está construyendo hasta los 24 años a nivel analítico”. Otra creencia negativa es “el cachete a tiempo viene bien, a mí me los dieron”. “Ahí impartimos violencia en un momento en el que el niño necesita ser comprendido emocionalmente. No mostramos empatía, perdemos vínculos con el niño, el apego es inseguro y genera mala comunicación. Esto nos viene de una creencia que nos lleva a actuar de una forma determinada”, apostilla.

Principales beneficios de la Educación Emocional para los niños:

  • Libertad
  • Mejora a nivel de relaciones socioemocionales
  • Mejora de la relación entre iguales
  • Capacidad de generar su propio bienestar emocional
  • Desarrollar su propia resiliencia para enfrentarse a los miedos y a la adversidad.
  • Empatía: saber pedir perdón y saber perdonar.
  • Tolerancia a la frustración
  • Beneficios de salud
  • Capacidad para ser más optimista, proactivo y tomar decisiones aplazando la recompensa.

¿Cómo aprende emociones un menor en el colegio?, le preguntamos a Garcés, quien responde que “es un trabajo sistemático a través del espacio que le dedicamos. Ya sea con una asignatura específica o un tiempo semanal para hacer ejercicios de educación emocional de forma vivencial (a través de la música para los peques de Infantil y con cortometrajes para Primaria o Secundaria, por ejemplo). Y luego hay un trabajo transversal, en diferentes asignaturas. Es importante ver cómo gestionamos los conflictos, que son una oportunidad sobre la que trabajar, no erradicar.”, recalca.

Es normal que surjan conflictos en el colegio, al igual que pueden surgir en cualquier grupo o relación humana. Para Leticia no tiene por qué influir la edad o la madurez del alumno ya que “la edad no siempre nos hace madurar. Tenemos que diferenciar entre una madurez evolutiva y la madurez que adquiere por sí mismo el individuo. Lo importante es que los conflictos se vean como oportunidades para trabajar en el momento, como una aplicación de la educación emocional. Cuando hay un conflicto hay colegios que quieren erradicarlo porque lo relacionamos con el bullying o el ciberbullying y al tenerlo vamos a ser catalogados como mal colegio, cuando en realidad es una oportunidad de trabajarlo”, esgrime.

El bullying tiene que cumplir con unas características.

  • Intención de hacer daño de una persona a otra.
  • Diferencia de poder de uno a otro.
  • Indefensión aprendida (convencerme de que no hay salida o solución para mí, que me merezco ese maltrato).
  • Repetición en el tiempo.
  • Observadores que ven lo que ocurre, pero no actúan.

Además de estas características hay que dar respuesta a estas preguntas para atajar el problema y que la balanza no esté descompensada. “Un suicidio no es por el acoso sino por lo que sucede a raíz del acoso. El menor no ha tenido apoyos ni recursos.”, afirma Garcés.

Ante una situación de acoso hacia un menor, debemos preguntarnos si el menor acosado cuenta con recursos emocionales para contrastar la situación. “Por ejemplo, si sabe pedir ayuda cuando es agredido, si sabe enfrentarse a las adversidades, si tiene otras cosas con las que regularse o equilibrarse a nivel emocional, si tiene un entorno familiar que le ayuda, etc”, afirma Leticia.

Cuando un conflicto deriva en una mala actitud del menor hacia el profesor, Garcés señala que “la mala actitud es una interpretación que le damos, que podemos interpretar como algo malo y cómo nos afecta. La mala actitud nos da una información que la buena actitud no nos proporciona y es sobre lo que podemos trabajar. Un mal comportamiento parte de un estado emocional difícil de manejar. Ese menor me necesita. Si hay emociones, no conductas, mal gestionadas, se traducen en comportamientos molestos. El comportamiento es adaptativo, no malo”.

Y es que la inteligencia emocional impide ejercer y tolerar la violencia. Tanta ayuda necesita el acosado como el acosador, los dos son víctimas y necesitan ayuda. Si no se ayuda al acosador toda su vida ejercerá violencia.

El papel de la Educación Emocional ante el covid-19

No cabe duda de que esta pandemia sanitaria provocada por el covid-19 ha provocado numerosos dramas y tragedias familiares que van a requerir de una importante asistencia emocional para asimilarlo y superarlo con el paso del tiempo. “La educación emocional le permite a la persona reinventarse, salir a flote, enfrentarse al miedo, no hundirse y fortaleces nuestro sistema inmune emocional”, asegura.

En el caso del miedo de los menores ante esta pandemia y su reacción, Leticia manifiesta que “hay miedos individuales que dependen de cómo ha vivido cada uno esta situación. Habrá niños que sientan miedo enfermizo, tensión, que saldrán con máximas medidas de seguridad y sin querer tocar nada porque lo han vivido en casa y se ha hablado mucho de ello, les han hecho muchas advertencias. Otros habrán vivido lo contrario y otros lo habrán vivido con precaución, buscando un equilibrio, que al final es lo mejor. No me preocupan tanto los miedos en sí, sino el cómo respondemos a esos miedos.”.

leticia garcés en el colegio amanecer educación emocional

Aplicado al colegio, Leticia Garcés cree que es importante “que haya mucha observación y escucha activa, que es ir más allá de la conducta. Hay que devolverles el mensaje de “te comprendo”, no desviar la información que el niño trae desde casa, no quitarle importancia. Nos interesa más saber los mensajes que recibe de casa para aportarle en el aula un cierto equilibrio, hablar mucho con ellos y saber cómo se sienten seguros para realizar una actividad en el aula e irnos adaptando poco a poco a cada uno de ellos. Lo ideal y difícil es el equilibrio”.

Cuestionada sobre si habrá un antes y un después de la educación emocional respecto a esta pandemia, Garcés afirma que tiene dudas “porque olvidamos muy rápido. El ser humano se mueve muchas veces por beneficios a corto plazo y en la educación emocional no es así. Quienes antes de la pandemia han dado importancia a la educación emocional han tenido más capacidad de adaptarse a ella y quien no, ha tenido más problemas”, concluye.

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