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Entrañable y divertida convivencia de 2º de Bachillerato en Tiermes

Nuestra alumna de 2º de Bachillerato del colegio Amanecer Irene Armayor ha redactado una emotiva y divertida crónica del viaje que, el pasado 17 de mayo, realizaron nuestros alumnos de este último curso de bachillerato a la población soriana de Tiermes.

Este tradicional viaje de convivencia de fin de curso, marca el punto y seguido de la relación de nuestros estudiantes de este último curso con el colegio. En apenas unos meses nuestros alumnos comenzarán sus estudios de grados y universitarios, pero como repetimos hasta la saciedad, deseamos que en su retina tengan en cuenta que el colegio privado Amanecer de Alcorcón siempre es y será su casa y su lugar de encuentro.

He aquí el precioso relato de Irene.

Érase una vez un viaje de convivencia por tierras sorianas...

El viernes 17 de mayo empezó lo que sería la última aventura juntos para el grupo de 2º de Bachillerato, el esperado viaje a Tiermes. A las 9 de la mañana los alumnos fuimos apareciendo, algunos con cara de sueño y todos cargados con el equipaje. Después de 8 meses de duro trabajo llegó, al fin, el viaje tan anhelado por todos. Fuimos subiendo al autobús y por delante nos esperaban dos horas de cánticos y alguna que otra cabezadita.

A la llegada a Tiermes comenzamos una caminata que nos llevó por sitios mágicos, mientras disfrutábamos del paisaje castellano propio de la zona. La primera parada de la travesía fue en una antigua encina, donde tanto profesores como alumnos nos unimos de la mano en un círculo consiguiendo, así, captar la energía de la naturaleza. Tras unas cuantas horas caminadas llegó la hora de comer.

Caracena fue el pueblo elegido, y no pudo ser mejor elección la de un pueblo aparentemente deshabitado y que estábamos deseando conocer. Su iglesia románica cautiva a cualquiera, al igual que un castillo cercano, que fue la siguiente parada. Un castillo en ruinas al que accedimos para conocer más a fondo, pensando en los reyes que lo habitaron alguna vez o en las batallas que se libraron en él. Tras un día cargado de emociones tocó regresar a las habitaciones, descansar un poco y prepararse para la noche.

Comenzó la cena y pudimos disfrutar de un amplio menú, acompañado de alguna que otra copita de “zumo de uva”. En el comedor sólo se oían risas, conversaciones entre compañeros y amigos sin importar sobre qué. Lo importante era el hecho de que estábamos cenando todos juntos.

Al terminar, salimos al exterior y una vez allí fuimos sorprendidos por dos celtíberos que nos contaron una grata historia. Al finalizar la misma fue el momento de encender la hoguera y de volver a unir nuestras manos en un círculo. Los celtíberos nos pidieron que cerrásemos los ojos y que en aquella noche mágica pidiésemos un deseo.

Una vez que todos habíamos pedido nuestros deseos llegó el momento de saltar la hoguera para que los deseos se cumplieran de verdad. Al principio sólo los más aventureros se atrevieron, pero poco después la mayoría ya se había decidido a saltar, por lo menos una vez.

A continuación seguimos cantando, esta vez acompañados de la guitarra de uno de nuestros compañeros. Cerca de la una de la mañana los profesores dijeron que era hora de dormir y descansar para las aventuras que nos esperaban el segundo día.

El sábado, después de recargar pilas desayunando, tocó visitar las ruinas de un antiguo poblado celtíbero, Termancia (Tiermes). Tuvimos la suerte de contar con el profesor de historia, Miguel Ángel, que nos explicó los entresijos de aquel lugar. Durante la marcha paramos a visitar a unos amigos voladores, los buitres.

A la una comenzó lo que sería la última comida y, a su vez, los últimos momentos en aquel mágico lugar, antes de subir de nuevo al autobús para volver a la realidad. Las caras de sueño eran evidentes, pero eso nos daba a entender los buenos momentos vividos durante esos días por todos, corto pero muy intenso.

Acabo diciendo que, tras muchos años escuchando acerca del viaje a Tiermes, por fin lo viví en primera persona. Tiermes no es solo una cuidad en Soria para el Colegio Amanecer y sus alumnos de 2º de Bachillerato. Es el último adiós y una manera de cerrar tantos años vividos en el colegio.

Me gustaría concluir con las palabras que  un profesor nos dedicó en el viaje de vuelta y que resumen a la perfección lo allí vivido: “Castillos sin princesa, pero con restos de oveja. Amistad en un bar de pueblo, que nos resguardó de la lluvia. Iglesias que perduran en el tiempo, siglo tras siglo. Encina que une manos y transmite energía, siempre positiva. Ceremonia celtíbera sellada con fuego, saltos que significan “puedo”. Muchas sonrisas, tantas, que son eternas. Buitres que quieren participar en nuestras fiestas. Paisajes y vivencias de Soria, que quedarán en nuestra historia. Tiermes eterno, bendito torrezno. QUERIDOS CELTÍBEROS: ADELANTE”

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